SALUDO CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DE LOS 25 AÑOS DEL CURSO 056 DE OFICIALES
Han sido largos, distantes y pedregosos los diversos senderos de la vida que han conducido nuestros caminos. El primero de ellos integró un puñado de ávidos jovenzuelos por las calles de Muzú con la viva imagen de un futuro incierto pero pletórico de anhelos y esperanzas. Fue este primer camino el que permitió congregar egregios ciudadanos como Frente cuca, care lápiz, el chimbis, huevo e pisca, fonola, camionero, el tiburón, Don Efra, Machupichu, hochiminh, el soldado y cloclo, bajo la exigencia inexorable de sus brigadieres y comandantes, quienes día a día horadaban por incrementar el cúmulo de conocimientos para garantizar nuestro ingreso a la universidad de la calle, mientras nuestras familias sufrían bajo el manto famélico que les permitiría ver nuestros rostros irradiados por el tradicional verde oliva.
Fue así como por primera vez se integraron nuestras almas y se regocijaron los corazones bajo la incertidumbre perenne de un exuberante sacrificio, como el de Fidel Barrios, diablo rojo, bulto de sal, gallo herido y el abnegado Sánchez basto, en medio de los claustros académicos de la Escuela General Santander. Pero fue precisamente este lugar, testigo mudo de nuestras risas, como la del equilibrista Raffán, el enano Vidales, el jetón de la gel, algunos llantos a través de Flipper o Faber, Cesar Rocío, barbuquejo y chunky o la chola; plegarias por parte de Fray Junípero, Pipo, Mahecha Close y la rata, que fortalecían aún más ese sentimiento de fraternidad que durante 27 años nos han unido. De esta manera conocimos nuestros amigos, compartimos y defendimos nuestras granadas, ejercitamos nuestra lánguida materia corporal como la del papa móvil, bazo de reina, el enano Ortiz, el ancho Castrillón Santana, el olafo Ordoñez y el camello Castrillón Gordillo, forzando nuestra mente cansada, pero siempre esperanzada de llevar en nuestros hombros una barra de metal. Como olvidar cada momento de esa fugaz existencia, las cortas noches y los interminables días, especialmente en manos del Brigadier Mayor Mendivelso y cómo no recordar cada uno de esos instantes que se erigen en nuestro interior como parte de la carne que llevamos hasta el cansancio en nuestra vejez, con el afán de alcanzar a sangre yuca, Maracuyá o a Teresa Gutiérrez.
Hace ya 25 años que nuestras sendas se dispersaron dejando tan solo en el recuerdo el nombre de las compañías Carlos Holguín y Marcelino Gilibert, para integrar el curso 056 de oficiales, Mayor Gustavo García Velandia, que poco tiempo tardó en llenar de congoja nuestras memorias con las lúgubres partidas de los primeros subtenientes, quienes ni quisiera habían saboreado la mies de su propia cosecha espiritual. Desde allí cuantas bifurcaciones han construido el entramado de nuestra existencia, a través del crecimiento personal, el avance institucional, las añoranzas de aquellos que han dejado las filas, la construcción de los propios hogares, el nacimiento del linaje, la muerte de compañeros, amigos y seres queridos y el fortalecimiento interior, todo ellos expresado por medio de una sola palabra que describe nuestras actuaciones, la abnegación.
De esta manera hemos logrado reunir hoy potro puñado de hombres como el profe Hincapius, Somondoco Napoleón, la morza, la pelada de León Clavijo, el indio, la mogolla, Moisés Pacho Medina y Pácora Corlioni, todos madurados por el destino, las vicisitudes , la reflexión y la razón en medio de esta cofradía que nos permitirá evocar cada uno de los pasos que nos han conducido a la noble existencia de nuestro propio ser, demostrándonos eso sí que la viva metamorfosis de nuestros rostros, podemos preguntarle a Scarface, Poñoñoy, tompre chichi, Tiuso, Niño, musaraña eléctrico, guatizomba, frasquito, pavarotti y el Boyaco del Galvis, es solamente producto de los sufrimientos y regocijos que nos ha dejado esta vida de pasión pero también de compasión.
Hoy quiero elevar los ojos ante el supremo creador en señal de agradecimiento por la inmensa alegría que nos prodiga el permitir esta reunión, para confrontar nuestro destino y rememorar postreras épocas mozas que permanecen en nuestro interior, así como traer los recuerdos más gratos, con cada uno de los comunero y gestores de este episodio de nuestra propia historia; pero también para abrir mi corazón en forma de réquiem por las voces de aquellos que se han ido y no se podrán escuchar más.
A nuestros padres, esposas, hijos, nietos y seres queridos, quienes han permanecido a nuestro lado, inexorables frente a las dificultades, toda una vida de agradecimientos por su invaluable y poco reconocido apoyo, al llevar a nuestra vida la sagrada alegría de un gran cariño y una verdadera amistad.
Una mención y reconocimiento especial merecen los gestores de este magno evento Hubert Montoya coopetrán y Juan Carlos Polanía el de los globos, entre otros, bastiones indiscutibles de esta alegórica epopeya que permanecerá indeleble en nuestras mentes al menos por cinco años más.
Finalmente el camino se ha cerrado, incluso para el gatico, sin dar más oportunidad, un año nos espera a quienes llevamos todavía sobre los hombros el suave regocijo de la añoranza eterna de un hombre llamado Santander, para conducirnos a la mayor ansia que pueda reconocer un Policía, escuchar su llamado para abrazar la estrella ilustre de un nuevo porvenir. Después la brecha cerrará el camino trasegado, cercenando el magno propósito de un grupo de hombres llamados Patriotas, para ceder el camino a quienes por la gracia de Dios puedan ostentar tan altos menesteres. Solo espero con toda devoción, que una competencia franca proceda a cualquiera de nosotros que a la postre sea invitado como partícipe de la alta gerencia institucional, para trabajar con honestidad, humildad e hidalguía en beneficio de un país llamado Colombia y en representación del curso 056, siempre destacado y recordado por su alto estándar profesional e innegable aporte intelectual.
Sea la oportunidad para perdonar nuestros errores, disculparnos por nuestros desaciertos; manifestarles el inmenso amor que ustedes se merecen y estrechar esos lazos de amistad. Por las felicitaciones no expresadas, por los rencores que quizás hayamos provocado, por los descuidos, por lo que no hicimos bien y por lo que hayamos hecho mal. Aquí sea el momento para hablar de lo bueno, de lo sano, de lo conveniente y de lo deseado. A veces cuando nos buscamos, además de pedir favores quizás, queremos reencontrarnos con el pasado y compartir efusivos momentos. Hemos tomado café del excelso, del simple, del amargo y del dulce; pero todavía no es tarde para tomar café, aunque en estos momentos de la vida hay que tomarlo con cierta precaución…
Admiración, respeto y comprensión para quienes forjaron e integran el curso 056 ¡Hasta pronto, eternamente compañeros!
Gracias.
Melgar, Noviembre 27 de 2010.
Autores: Oscar Atehortúa Duque, Jorge Eliecer Giraldo Arias y la colaboración de Pedro Leguizamón y Hubert Montoya.
